Este artículo intenta ser una reflexión sobre la relación que hay entre los hábitos de vida y la obesidad, comparando los años 50 con la actualidad.
En la década de 1950 las personas eran significativamente más delgadas que en la actualidad, a pesar de ser mucho menos conscientes de la dieta y de lo que comían.
¿Por qué en una época en que la gente no se preocupaba por lo que comía y los púdines dulces de alto contenido en grasas saturadas eran habituales después de una cena (en Reino Unido y Estados Unidos) la población se las apañaba para llevar un estilo de vida mucho más saludable?
En los años 50 en Reino Unido sólo el 15% de los hogares tenían frigorífico, lo que significaba que en vez de abastecerse de productos perecederos, como hoy en día donde se puede hacer un bocadillo a cualquier hora, las familias compraban todos los días los ingredientes que luego se convertían en comidas. Picar entre las tres comidas diarias programadas sencillamente no sucedía.
Únicamente el 15% de la población poseía un automóvil, en comparación del casi el 80% de la actualidad, por lo que andar y utilizar el transporte público era lo habitual, lo que requería gastar energía para llegar a la parada. Alternativamente caminar, o ir en bicicleta, era una forma popular y barata de transporte, y se quemaban más calorías que subirse a un coche y conducir. Además había que ir a diario a las carnicerías, pescaderías, panaderías, ferreterías… y volver con bolsas pesadas, ya sea andando, en bici o en transporte público. Los supermercados, donde hay de todo, todavía estaban en sus inicios. Además, el número de bolsas que una persona puede llevar es menor de lo que puede cargar el maletero de un coche, lo que significaba viajes más frecuentes durante la semana.
Hoy en día nos montamos en un coche y podemos encontrar de todo bajo un mismo techo en un supermercado, hipermercado o centro comercial y tenemos la compra para una semana o varios días. O incluso podemos hacer la compra por internet sin movernos de una silla y que nos la traigan a casa.
En la actualidad damos por sentado que podemos echar la ropa sucia a la lavadora y que salga limpia, pero esto no era así de sencillo en la década de 1950. El 33% de las familias poseían una lavadora en Reino Unido, lo que significaba que la mayoría tenía que limpiar su ropa a mano, a menudo con una tabla de lavar, siendo un trabajo manual y que además llevaba más tiempo por cada prenda que en una lavadora. Las escurridoras de manivelas eran comunes para eliminar el agua de la ropa, una actividad bastante intensa, por lo que el gasto calórico de sólo lavar la ropa dos o tres veces a la semana era mucho mayor que el de simplemente cargar una lavadora. Hay que añadir la limpieza general. Pensemos en el esfuerzo que se requiere para fregar los suelos poniéndose de rodillas o limpiar las alfombras con un cepillo.
Entre 1950 y 1955 en Reino Unido sólo había un canal de televisión y en 1955 se introdujeron dos canales más y todos ellos transmitían a unas horas específicas durante el día, por la noche no había emisión. Sobra decir que no existía el mando a distancia, había que levantarse para cambiar de canal.
En Reino Unido el peso promedio de una mujer en 1954 era de 61,7 kg., tenía una cintura media de 68,6 cm. y consumía algo más de 1800 calorías al día. Mientras que 60 años después, en 2014, el peso promedio era de 64,9 kg., una cintura media de 86,4 cm. y consumía 2200 calorías. A día de hoy parece ser que la tendencia no ha cambiado.
Las mujeres consumían en los años 50 una dieta rica en proteínas. Una mujer típica en Reino Unido desayunaba tostadas y mantequilla con un huevo cocido (220 calorías) o tocino y huevos (180 calorías). El almuerzo consistía en un sándwich de carne en conserva con mantequilla bastante parco (430) y una rebanada de bizcocho Victoria casero (175). La cena promedio estaba compuesta por estofado de ternera, patatas hervidas, colinabo y repollo, luego frutas en lata y de postre natillas (1000).
En España en los años 50 no había lavadoras. Para lavar la ropa se usaba una tabla de lavar en la pila de la cocina o en un barreño, por lo que había que frotar. En los pueblos había que ir a las orillas de los ríos o al lavadero del pueblo, con lo que hay que añadir la carga de la ropa hasta la casa. Algunas personas de la clase pudiente poseían unas especies de lavadoras manuales con unas aspas, que funcionaban por medio de una manivela, que la movía la criada. No había frigoríficos, se compraba comida para el mismo día, por lo que había que ir a la compra a diario y se podía dejar en fresqueras. Sólo unos pocos (los más privilegiados) tenían coche, la mayoría de la gente se desplazaba andando, en bicicleta, en transporte público y algunos en moto. En España sólo había un canal de televisión, iniciándose en 1956, y los televisores los compraban la clase pudiente, o bien se ponían en algunos bares, cobrando al entrar para ver los toros.
Con la falta de otras tecnologías la gente era mucho más autosuficiente para entretenerse en Reino Unido, y esto significaba, a menos que se estuviera leyendo un libro, levantarse y simplemente hacer algo: los chavales iban a jugar a la calle (al balón, a la comba…), se iba a cuidar las verduras del jardín o se echaba un viaje a la parcela o huerto (los que tuvieran). Por lo general, se gastaban más calorías al entretenerse en aquella época. Hoy en día es impactante la cantidad de estimulación externa que absorbemos con los móviles, tabletas, videojuegos, series de televisión… lo que hace que nos convirtamos en personas sedentarias.
En los años 50 el trabajo se basaba en una mano de obra más intensa. Hoy en día máquinas y robots hacen tareas que anteriormente se hacían a mano, además de hacerlo con mayor velocidad y precisión, como soldar los chasis de los coches en una fábrica de automóviles o en trabajos tradicionales de carpintería, panificadoras, etc., o reemplazando operadoras de centralita por máquinas. La introducción de la tecnología para hacer nuestras vidas más fáciles, cómodas y placenteras ha sido a costa de hacer menos trabajos y actividades físicas. Pero, en realidad, la comodidad está sobrevalorada. También se habla que después del año 1942 apareció el «gen de la obesidad».
Si por un lado se ingieren muchas calorías de los alimentos ricos en grasas saturadas y carbohidratos malos, y por otro lado se elimina la necesidad de gastar energía por un estilo de vida sedentario, no es de extrañar que buena parte de la sociedad padezca de obesidad en la actualidad. Aunque algunos intentan hacer dieta y consumir menos calorías luego gastan menos energía, por lo que el resultado final es parecido. La idea de realizar tareas manuales parece anticuada, pero estas tareas hacen quemar las calorías. El cuerpo humano está diseñado para hacer ejercicio, y la carencia de éste, ya sea por el sedentarismo u otras causas, hace que enferme el cuerpo. El baile es ejercicio, por lo que bailar jive, bop, stroll… es una forma sana y divertida de quemar calorías, además de producir endorfinas, una molécula de la felicidad. La solución es encontrar un equilibrio saludable entre las calorías que se ingieren y las que se queman.
En los años 50 las personas podían comer más, pero quemaban más calorías y sencillamente por eso estaban más delgadas que en la actualidad.